Ser trabajadora social influye en mi visión del mundo y me posibilita un aprendizaje continuo. Este blog está en un proceso.
Sobretodo cito lecturas para compartir con otros/as trabajadores/as sociales, educadores/as, psicólogos/as y en definitiva con personas a las que les gusten las Ciencias Sociales y la tecnología y seguir aprendiendo.

¿Sabes cuáles son las Ciencias base del Trabajo Social ?
¿Y las funciones de los trabajadores/as sociales?

domingo, 23 de marzo de 2014

Los actos de servicio (lenguaje del amor).

Después del anterior post, con éste finalizo esta serie y vemos la quinta de las cinco maneras en que las personas expresan y reciben amor según Chapman : los actos de servicio.

El último lenguaje de amor es el de los actos de servicio a los demás. La convivencia presupone una serie de obligaciones que los adultos se reparten para sacar adelante al grupo humano al que pertenecen. Gran parte de la vida de una adulto, pasada la primera juventud, suele estar dedicada a cuidar de los demás a través de estos actos de servicio. Así , los actos de servicio no son solamente un lenguaje adicional de amor, sino que forman parte de la vida de la mayor parte de los adultos. Ser padres constituye una labor de servicio constante a nuestros hijos. Los actos de servicio son física y emocionalmente exigentes. Si los padres se sienten de forma habitual víctimas de sus hijos, en el sentido de que están resentidos por el tiempo y el cansancio que implican los actos de servicio que hacen por ellos, éstos percibirán poco amor tras cada acto de servicio.  Un acto de servicio no es una necesidad y una obligación, sino algo que se hace de manera generosa para ayudar al otro. Como resulta imposible mantener esta actitud constantemente, resulta útil parar de vez en cuando y asegurarse de que no perdemos este espíritu en el cuidado de nuestros hijos. 




Los actos de servicio tienen otra meta a medio o largo plazo: servimos a nuestros hijos, pero a medida que ellos crecen tienen que aprender de manera paulatina a ayudarse a sí mismos y a los demás. Asegura Chapman que este proceso no resulta rápido ni cómodo. Invertimos más tiempo para enseñar a un hijo a preparar su comida que a hacerlo nosotros mismos. Muchos padres piensan que no tienen tiempo para enseñar a sus hijos a poner una lavadora o son demasiado perfeccionistas para dejarles hacerlo. Esto resulta muy perjudicial para ellos, porque no aprenden a cuidar de sí mismos.
También es importante recordar que en una familia todos tienen talentos especiales y que nuestros hijos no tendrán, necesariamente, el mismo talento que nosotros para llevar a cabo determinadas actividades. En cambio pueden sorprendernos con sus propias habilidades. Los actos de servicio en una familia pueden variar según las capacidades y preferencias de cada cual.

 

A medida que el hijo crece será más evidente que responde con más facilidad y más profundamente a uno de los cinco lenguajes de amor. Ese lenguaje tendrá para él o para ella mucho sentido porque le llega de forma directa. Descubrir el lenguaje de amor de su hijo o ser querido es importante: así podrá expresarle su amor de forma más directa e inteligible, y también podrá ser consciente de que si usa un lenguaje de amor de forma negativa, fruto de una frustración pasajera o de un ataque de ira, el resultado será muy dañino y contundente. Los lenguajes de amor resultan inútiles para desbrozar el camino que nos permite tejer una comunicación emocional directa con las personas con las que convivimos. Cuando reconocemos el  lenguaje del amor de nuestro hijo o de nuestra pareja, nos resulta más sencillo comprender porqué tal vez, y a pesar de nuestros esfuerzos, no conseguíamos transmitirles nuestro amor de forma convincente. Reconocer y respetar tanto el temperamento como el lenguaje de amor de las personas con las que convivimos ayuda a abrir cauces de comunicación emocional y crea un ambiente más cálido y seguro para la convivencia diaria y para la resolución pacífica y creativa de los conflictos, que forman parte ineludible de la convivencia humana.



Esta serie de post nos pueden ser de utilidad para descubrir cuál es nuestro lenguaje principal de expresión de amor, descubrir el de los demás y hablar de esta cuestión con los usuarios.


Fuente: Punset, Elsa. Brújula para navegantes emocionales. Aguilar 2008. Pag 73 a 75.

domingo, 9 de febrero de 2014

Los regalos (lenguaje del amor).



Después del anterior post, en este veremos la cuarta de las cinco maneras en que las personas expresan y reciben el amor según Chapman: el lenguaje de los regalos.

El lenguaje de los regalos puede resultar difícil de comprender a primera vista. En una sociedad descaradamente consumista el regalo ha perdido parte de su sentido más noble. Un regalo no tiene porqué ser un objeto frívolo o innecesario puede ser un objeto de primera necesidad que damos al niño como regalo, con amor. Si distinguimos de forma clara entre objetos de primera necesidad, como la mochila para llevar los libros al colegio o un par de deportivas nuevas, y regalos convencionales como una muñeca o un lego, acostumbramos al hijo a recibir los objetos de primera necesidad como si fuesen debidos y a no reconocer el amor que subyace en el regalo de estos objetos. Todos son regalos. Para el niño o el adulto cuya forma principal de demostrar o recibir amor es el acto de regalar o de recibir regalos, cada regalo será una fiesta, al margen de su importancia o uso. Lo que este niño o adulto percibe tras el lenguaje de los regalos es el amor de sus padres o seres queridos, que se manifiesta más claramente para él o ella a través del regalo, de la ofrenda, en un  sentido amplio. Si regalamos con este espíritu,  el niño aprenderá a dar y recibir con el mismo espíritu generoso.

http://www.rgbstock.com

Resulta tentador, en determinadas circunstancias, regalar de manera indiscriminada a nuestros hijos para evitar la expresión del  amor en sus demás lenguajes. Muchas familias disfuncionales intentan remediar la falta de empatía y de comunicación emocional a través de los regalos. Sin embargo, regalar debería ser un lenguaje de amor y no una herramienta para manipular. Recuerda Chapman que si un padre ofrece un regalo a su hijo para que éste recoja su habitación, no estará ofreciendo un regalo sino un pago por servicios prestados. Si le damos un cucurucho de helado a nuestra hija a cambio de que esté callada un rato porque estamos exasperados, estamos manipulando su comportamiento con un soborno. “El niño no sabe tal vez qué significa soborno o pago por servicios prestados, pero comprenderá perfectamente el concepto”. Exceptuando navidades  y los cumpleaños, quizá,  es aconsejable que los niños nos ayuden a elegir sus regalos porque sus preferencias son importantes y a partir de ellas pueden empezar a distinguir, por ejemplo, entre sus deseos fugaces y sus deseos más profundos.


En el próximo post finaliza esta serie sobre los lenguajes del amor.


Fuente:  Punset, Elsa. Brújula para navegantes emocionales. Aguilar 2008. Pags 72-73.

martes, 28 de enero de 2014

El tiempo de calidad (lenguaje del amor).


Después del anterior post, en éste (y sigo citando a Elsa Punset) veremos la tercera de las cinco maneras en que las personas expresan y reciben el amor según Chapman:  el tiempo de calidad.

El tiempo de calidad es, simplemente, un tiempo de atención sostenida, dirigida al hijo de manera exclusiva. En esta sociedad apresurada el tiempo de calidad que compartimos con nuestros hijos es un regalo generoso por parte de los padres porque supone el sacrificio de tiempo para uno mismo o para la pareja. Es más sencillo ofrecer contacto físico y palabras de afirmación a nuestros seres queridos porque no requieren tanto tiempo.
El factor decisivo en el tiempo de calidad no es tanto la actividad que se lleva a cabo, sino el hecho de compartir algo juntos,  sin presiones ni obligaciones, por puro placer. El tiempo de calidad permite aprender a conversar y a escucharse sin prisas, tal vez sin un sentido claro de adónde se quiere llegar, sin un objetivo que cumplir. Nuestro tiempo se mide en función de su rendimiento y el rendimiento ha de ser evidente. Con el tiempo de calidad no le pedimos cuentas a nuestro tiempo. Lo regalamos por amor.



En una sociedad donde las personas son cada vez más espectadoras en vez de participantes, la atención personalizada es cada vez más importante. Para las personas que necesitan especialmente la experiencia del tiempo de calidad para percibir y demostrar amor, emprender este camino compartido con los demás es fundamental. Encontrar el tiempo necesario para conversar con nuestros hijos, a cualquier edad, es clave para que aprendan a comunicarse de una forma íntima y sosegada; más adelante podrán trasladar este conocimiento a sus futuras relaciones, incluyendo su vida de pareja. Si solamente hablamos con nuestros hijos para corregirles, no aprenderán el valor emocional de la atención positiva y concentrada. Con los más pequeños recomienda el doctor Chapman que aprovechemos la hora de ir a dormir, porque suele ser un momento propicio para una conversación: es un momento del día en el que los niños están particularmente pendientes de sus padres, tal vez por la falta de distracciones ambientes o por el deseo de retrasar unos minutos la hora de ir a dormir. Los ritos de la hora de ir a dormir son cálidos e íntimos e inducen al niño a la confianza y a la relajación. Ayudan a tejer lazos emocionales entre padres e hijos. Las prisas de la sociedad donde vivimos contrastan con estos momentos de paz y de tiempo aparentemente “perdido”. Los beneficios del tiempo que pasamos con nuestros hijos, dedicados a desarrollar la confianza y el amor mutuos, serán incontestables a medio y largo plazo.  Para ello, afirma Chapman, es necesario marcar prioridades y resistirse a la “tiranía de lo urgente”.

Continuará...

Fuente: Punset, Elsa. Brújula para navegantes emocionales. Aguilar 2008. Pag 72.