Ser trabajadora social influye en mi visión del mundo y me posibilita un aprendizaje continuo. Este blog está en un proceso.
Sobretodo cito lecturas para compartir con otros/as trabajadores/as sociales, educadores/as, psicólogos/as y en definitiva con personas a las que les gusten las Ciencias Sociales y la tecnología y seguir aprendiendo.

¿Sabes cuáles son las Ciencias base del Trabajo Social ?
¿Y las funciones de los trabajadores/as sociales?

sábado, 12 de julio de 2014

Electra y el mar.

Con este post termino de compartir con vosotros el libro "Inocencia radical" , esta es la historia de Electra y el mar. Que me parece acorde a esta época del año: el verano.
El primer viaje de mi ahijada Electra supuso un revulsivo para sus padres. Pasó nueve días en Francia con su abuela y una prima, rodeada de dunas y de un mar salvaje que la entusiasmó. A sus padres , sin embargo, cada día de esa estancia se les hizo muy largo. La echaban de menos y la llamaban todos los días porque, según decían, querían asegurarse de que la niña estaba bien. Les parecía casi imposible que Electra pudiese ser tan feliz lejos de su hogar.
 Aunque era evidente para todos que la niña estaba absolutamente encantada, los padres sugirieron, a mitad de su estancia, la posibilidad de que pudiese acortarla. Ella se negó: “Pero, ¡si todavía no he podido llenar mi saco de recuerdos”, protestó. Desconcertados, se resignaron a dejarla en paz. Esa noche su madre, mi amiga Emma, me llamó angustiada. Las ganas de Electra de descubrir el mundo le parecían extrañas, casi sospechosas. “¿No es demasiado pequeña”, me preguntaba, “para estar lejos de casa sin sentirse desamparada?”. Necesitaba asegurarse del amor de la pequeña con alguna señal ligera que probase su dependencia emocional: lágrimas, algo de tristeza, una ligera desazón. Algo palpable y visible, algún pequeño monumento al desamparo o al miedo. La independencia emocional de Electra la asustó.

Fuente: es.fotolia.com
Los niños necesitan, como los adultos, cubrir importantes necesidades afectivas y emocionales. Necesitan que los quieran y necesitan poder expresar amor a los demás con naturalidad. Pero cuando son felices, su necesidad de amor tiene dos características específicas: por una parte, aceptan con naturalidad el amor de sus padres y por tanto no requieren pruebas adicionales en forma de lágrimas y de dependencias; por otra, aunque los padres son el centro de su mundo emocional, no centran sus necesidades afectivas en una sola fuente. Saben instintivamente (al menos hasta que se les prueba lo contrario) que el mundo es capaz de saciarlas desde muchos ángulos. 
La forma de amar de los niños, antes de que el miedo a carecer de lo que necesitan empañe su confianza y alegría natural, plasma la naturaleza gozosa de un amor inocente basado en el disfrute, frente al amor adulto, generalmente miedoso y desconfiado, necesitado de señales externas y de promesas eternas. Cuando los niños aman y se sienten amados, casi todos logran alejarse por un tiempo de sus padres para sentirse debilitados ni vulnerables. Son capaces de empaparse de los estímulos del presente que los rodean no a pesar, sino gracias a ese vínculo afectivo contundente que los une a sus progenitores o cuidadores. (…)
La psiquiatra suizo-alemana Elisabeth Kübler-Ross también habló extensamente del miedo y lo opuso a la necesidad universal y fundamental que tienen los seres humanos de recibir, y de ofrecer, amor, algo que ninguna máquina, ninguna posesión, ninguna distracción ni ningún especialista puede reemplazar. Aseguraba que…”tenemos que enseñar a nuestros hijos desde el principio que son responsables de sus vidas. El mayor don de los humanos puede también ser su peor maldición, la libertad de elección. Podemos elegir en función del amor y del miedo.”

Fuente: Punset, Elsa. Inocencia radical. Santillana Ediciones Generales, S. L. 2011. Pags 170-173.

sábado, 10 de mayo de 2014

Pasión para combatir la crisis.


¿Es la pasión el motor que necesitamos de forma masiva? Hay pasión en los movimientos sociales. Hay pasión en los partidos políticos nuevos.  No hay duda de que la hay. 
Es apasionado tener curiosidad por aprender algo nuevo, votar cuando hay elecciones...proyectarse en el futuro.


La vida occidental actual está basada sobre dos espejismos: la juventud física y las expectativas. Ambas son frágiles y se terminan pronto.  ¿Qué queda? Tenemos pocas salidas en nuestra sociedad: el reconocimiento social pasa por el marco estrecho y condicionante de unos logros muy concretos, ante todo el dinero, y también determinados talentos como el deporte o la creatividad. No se mima, ni se admira y, por tanto, no se transmite la importancia de saber vivir y saber amar. Si la tristeza resultante de las personas es fruto de una actitud o una predisposición enfermiza, hacemos bien en movilizar los recursos médicos para combatirla. Pero si lo que en realidad hemos perdido son las ganas de vivir, sólo queda reencontrar qué parte de nosotros perdimos en el camino (…)



La década de 1950 marcó tal vez, tras una guerra mundial cruenta, el principio de una forma de vivir muy característica. Hasta entonces la supervivencia era la norma, no había apenas tiempo para más. Sobrevivir era por sí mismo un triunfo: todo escaseaba y había poca ayuda externa. Unas décadas más tarde, la falta de pasión se ha convertido en uno de los problemas más acuciantes de una sociedad obsesionada con la vida urbana, la televisión, los coches, las comodidades, las soluciones rápidas…Es la vida exprés. Encerrados en las oficinas, apilados en pisos, cada día vivimos más alejados de la vida primigenia natural y salvaje. Vivir ya se ha convertido en un camino que exigimos sea seguro: no queremos correr el menor riesgo, lo calculamos todo, tenemos médicos y medios, y un estado de bienestar que supuestamente se ocupa de todo. Delegamos nuestras responsabilidades para  centrarnos en los pequeños placeres de la vida diaria. En el mundo seguro y anestesiado donde vivimos la pasión se ha refugiado tan sólo en el amor pasional como éste no suele ser ni frecuente ni duradero, el siguiente recipiente natural de la pasión para ser el sexo. Pero en las relaciones sin pasión no hay sexo apasionado. Es un detalle que intentamos sobrellevar cambiando de pareja, pero no tiene fácil solución. Cuando se busca la pasión fuera de uno mismo, cuando algo tan básico para la felicidad pasa a depender de otro, el resentimiento y la decepción mutuos son inevitables. Decía Georges Duhamel: “Si quieres amistad, dulzura y alegría, llévalas contigo.”

Fuente: Punset, Elsa. Inocencia radical. Santillana Ediciones Generales, S. L. 2011. Pags 115-117.

domingo, 23 de marzo de 2014

Los actos de servicio (lenguaje del amor).

Después del anterior post, con éste finalizo esta serie y vemos la quinta de las cinco maneras en que las personas expresan y reciben amor según Chapman : los actos de servicio.

El último lenguaje de amor es el de los actos de servicio a los demás. La convivencia presupone una serie de obligaciones que los adultos se reparten para sacar adelante al grupo humano al que pertenecen. Gran parte de la vida de una adulto, pasada la primera juventud, suele estar dedicada a cuidar de los demás a través de estos actos de servicio. Así , los actos de servicio no son solamente un lenguaje adicional de amor, sino que forman parte de la vida de la mayor parte de los adultos. Ser padres constituye una labor de servicio constante a nuestros hijos. Los actos de servicio son física y emocionalmente exigentes. Si los padres se sienten de forma habitual víctimas de sus hijos, en el sentido de que están resentidos por el tiempo y el cansancio que implican los actos de servicio que hacen por ellos, éstos percibirán poco amor tras cada acto de servicio.  Un acto de servicio no es una necesidad y una obligación, sino algo que se hace de manera generosa para ayudar al otro. Como resulta imposible mantener esta actitud constantemente, resulta útil parar de vez en cuando y asegurarse de que no perdemos este espíritu en el cuidado de nuestros hijos. 




Los actos de servicio tienen otra meta a medio o largo plazo: servimos a nuestros hijos, pero a medida que ellos crecen tienen que aprender de manera paulatina a ayudarse a sí mismos y a los demás. Asegura Chapman que este proceso no resulta rápido ni cómodo. Invertimos más tiempo para enseñar a un hijo a preparar su comida que a hacerlo nosotros mismos. Muchos padres piensan que no tienen tiempo para enseñar a sus hijos a poner una lavadora o son demasiado perfeccionistas para dejarles hacerlo. Esto resulta muy perjudicial para ellos, porque no aprenden a cuidar de sí mismos.
También es importante recordar que en una familia todos tienen talentos especiales y que nuestros hijos no tendrán, necesariamente, el mismo talento que nosotros para llevar a cabo determinadas actividades. En cambio pueden sorprendernos con sus propias habilidades. Los actos de servicio en una familia pueden variar según las capacidades y preferencias de cada cual.

 

A medida que el hijo crece será más evidente que responde con más facilidad y más profundamente a uno de los cinco lenguajes de amor. Ese lenguaje tendrá para él o para ella mucho sentido porque le llega de forma directa. Descubrir el lenguaje de amor de su hijo o ser querido es importante: así podrá expresarle su amor de forma más directa e inteligible, y también podrá ser consciente de que si usa un lenguaje de amor de forma negativa, fruto de una frustración pasajera o de un ataque de ira, el resultado será muy dañino y contundente. Los lenguajes de amor resultan inútiles para desbrozar el camino que nos permite tejer una comunicación emocional directa con las personas con las que convivimos. Cuando reconocemos el  lenguaje del amor de nuestro hijo o de nuestra pareja, nos resulta más sencillo comprender porqué tal vez, y a pesar de nuestros esfuerzos, no conseguíamos transmitirles nuestro amor de forma convincente. Reconocer y respetar tanto el temperamento como el lenguaje de amor de las personas con las que convivimos ayuda a abrir cauces de comunicación emocional y crea un ambiente más cálido y seguro para la convivencia diaria y para la resolución pacífica y creativa de los conflictos, que forman parte ineludible de la convivencia humana.



Esta serie de post nos pueden ser de utilidad para descubrir cuál es nuestro lenguaje principal de expresión de amor, descubrir el de los demás y hablar de esta cuestión con los usuarios.


Fuente: Punset, Elsa. Brújula para navegantes emocionales. Aguilar 2008. Pag 73 a 75.