Ser trabajadora social influye en mi visión del mundo y me posibilita un aprendizaje continuo. Este blog está en un proceso.
Sobretodo cito lecturas para compartir con otros/as trabajadores/as sociales, educadores/as, psicólogos/as y en definitiva con personas a las que les gusten las Ciencias Sociales y la tecnología y seguir aprendiendo.

¿Sabes cuáles son las Ciencias base del Trabajo Social ?
¿Y las funciones de los trabajadores/as sociales?

lunes, 22 de septiembre de 2014

Encuesta para los lectores del blog.


Actualizo el blog para recordaros que al lado de este post teneis una encuesta para elegir el próximo tema del que escribiré en Octubre. Agradezco vuestra participación! Votad! 
 

viernes, 12 de septiembre de 2014

Conexiones perdidas.



El dolor de la pérdida es tan intenso y rompe tanto el corazón porque cuando amamos conectamos profundamente con otro ser humano, y el duelo es el reflejo de la conexión que se ha perdido (…). Evitar el dolor de la pérdida implicaría evitar el amor y la vida que hemos compartido.

Al final el duelo indica cuál ha sido la medida de nuestro amor, pero también dónde hemos apoyado nuestra vida. Si todo se basaba en esa persona se comprende que hay quien vive el duelo como si el mundo se acabara. Cuando la relación es de dependencia, el trauma es mayor, y la recuperación del duelo más difícil. Se puede plantear que la única forma de evitar el sufrimiento y el duelo sería huir de relaciones profundar, que cuando se rompan nos desgarran el alma.

Fuente: fotolia


El sufrimiento que nos deja la muerte de los demás perdura y solo el tiempo lo atenúa. Es el apego a las personas, los lazos creados lo que nos hace sufrir al separarnos de ellos, al romper los lazos de los sentimientos. En la medida en que nuestra vida no dependa de esos lazos y , al mismo tiempo, los hayamos creado con muchas personas, tendremos más apoyo para vencer la ruptura de la muerte.


En realidad el ser humano no puede vivir sin amar. De lo que se trata es de multiplicar nuestras relaciones para que cada pérdida nos ayude a crecer. Se dice que al igual que la alegría compartida aumenta, el sufrimiento compartido disminuye en cierto modo, cada duelo nos hace más fuertes pues nos ayuda a desprendernos de lo que pasa y a quedarnos con lo que permanece y lo único que permanece para siempre es el amor. Son experiencias que nos preparan para “la Experiencia” que un día supondrá nuestra propia muerte, en la que tendremos que desprendernos de nuestro cuerpo ajado y dejar como legado solo el amor que haya existido en nuestra vida.

Lo que queda cuando alguien muere es su recuerdo ocasional en la memoria de quienes seguimos en este mundo. 

La gente que pierdo por el camino ( y no me refiero sólo a los que fallecen) irá en aumento hasta la pérdida final del propio cuerpo, de la propia vida. Tiene mérito llegar hasta el final con ganas de amar y vivir. Porque como dice la canción “a nadie le gusta nacer para perder”. Y sin embargo es inevitable. 


Fuente:  Guinot Rodríguez, J.L. 2009 . “Duelo y trauma en la vida adulta. Duelo y cáncer.” Ponencia presentada en I Symposium del Observatorio del Duelo de la Asociación Victor E. Frankl. Valencia.

sábado, 12 de julio de 2014

Electra y el mar.

Con este post termino de compartir con vosotros el libro "Inocencia radical" , esta es la historia de Electra y el mar. Que me parece acorde a esta época del año: el verano.
El primer viaje de mi ahijada Electra supuso un revulsivo para sus padres. Pasó nueve días en Francia con su abuela y una prima, rodeada de dunas y de un mar salvaje que la entusiasmó. A sus padres , sin embargo, cada día de esa estancia se les hizo muy largo. La echaban de menos y la llamaban todos los días porque, según decían, querían asegurarse de que la niña estaba bien. Les parecía casi imposible que Electra pudiese ser tan feliz lejos de su hogar.
 Aunque era evidente para todos que la niña estaba absolutamente encantada, los padres sugirieron, a mitad de su estancia, la posibilidad de que pudiese acortarla. Ella se negó: “Pero, ¡si todavía no he podido llenar mi saco de recuerdos”, protestó. Desconcertados, se resignaron a dejarla en paz. Esa noche su madre, mi amiga Emma, me llamó angustiada. Las ganas de Electra de descubrir el mundo le parecían extrañas, casi sospechosas. “¿No es demasiado pequeña”, me preguntaba, “para estar lejos de casa sin sentirse desamparada?”. Necesitaba asegurarse del amor de la pequeña con alguna señal ligera que probase su dependencia emocional: lágrimas, algo de tristeza, una ligera desazón. Algo palpable y visible, algún pequeño monumento al desamparo o al miedo. La independencia emocional de Electra la asustó.

Fuente: es.fotolia.com
Los niños necesitan, como los adultos, cubrir importantes necesidades afectivas y emocionales. Necesitan que los quieran y necesitan poder expresar amor a los demás con naturalidad. Pero cuando son felices, su necesidad de amor tiene dos características específicas: por una parte, aceptan con naturalidad el amor de sus padres y por tanto no requieren pruebas adicionales en forma de lágrimas y de dependencias; por otra, aunque los padres son el centro de su mundo emocional, no centran sus necesidades afectivas en una sola fuente. Saben instintivamente (al menos hasta que se les prueba lo contrario) que el mundo es capaz de saciarlas desde muchos ángulos. 
La forma de amar de los niños, antes de que el miedo a carecer de lo que necesitan empañe su confianza y alegría natural, plasma la naturaleza gozosa de un amor inocente basado en el disfrute, frente al amor adulto, generalmente miedoso y desconfiado, necesitado de señales externas y de promesas eternas. Cuando los niños aman y se sienten amados, casi todos logran alejarse por un tiempo de sus padres para sentirse debilitados ni vulnerables. Son capaces de empaparse de los estímulos del presente que los rodean no a pesar, sino gracias a ese vínculo afectivo contundente que los une a sus progenitores o cuidadores. (…)
La psiquiatra suizo-alemana Elisabeth Kübler-Ross también habló extensamente del miedo y lo opuso a la necesidad universal y fundamental que tienen los seres humanos de recibir, y de ofrecer, amor, algo que ninguna máquina, ninguna posesión, ninguna distracción ni ningún especialista puede reemplazar. Aseguraba que…”tenemos que enseñar a nuestros hijos desde el principio que son responsables de sus vidas. El mayor don de los humanos puede también ser su peor maldición, la libertad de elección. Podemos elegir en función del amor y del miedo.”

Fuente: Punset, Elsa. Inocencia radical. Santillana Ediciones Generales, S. L. 2011. Pags 170-173.